martes, 5 de enero de 2010

LA LOMBRIZ BEATRIZ

Cuando era "chica-chica" tuve el gusto de conocer a la lombriz Beatriz. En realidad, al principio más que un gusto fue un susto. Resulta que yo estaba jugando a ser una jardinera. Tenía un baldecito; un tenedor, a falta de un rastrillo; en vez de pala, un cucharón; una semilla y un entusiasmo que ni te cuento.
Yo sabía que adentro de esa semilla dura y blanca se escondía un árbol repleto de naranjas, con pajaritos en sus ramas y caminos de hormigas recorriendo el tronco.
Me arrodillé sobre la tierra húmeda y fría y, tenedor y cucharón en mano, empecé a hacer un poso. Cada vez, mi mano llegaba más abajo sacando piedras, raíces y tierra, mucha tierra. En eso, agarré lo que para mí era una raíz más blandita que las otras. No podía verla porque el pozo allá en el fondo estaba oscurol Saqué la raicita para observarla mejor y...
-¡Ah! -grité y la largué con asco.
¡Ah! -gritó la raicita que empezó a arrastrarse lo más rápido que podía.
-¿Qué cosa asquerosa sos vos? -le dije con a nariz fruncida y los ojos bien abiertos.
-Soy la lombriz Beatriz y para que sepas, los gusanos piensan que soy PRE - CIO - SA -dijo la cosa que todavía me parecía asquerosa.
-Mucho gusto. Soy Camila -le dije, tratando de ser un poco más simpática.
-Se puede saber por qué me sacaste de mi casa? -preguntó Beatriz.
-Es que... iba a plantar un naranjo -respondí bajito.
-¡Ah!, ¿sí? A verlo... -dijo BEatriz con curiosidad.
-Acá está -le respondí acercando mi manito abierta a su cara chata y transparente de lombriz.
-¿Así que esto es un "naranjo"? ¡Ja!, ¡ja!, ¡ja! Antes de que esta semilla dé la primera fruta, vos ya vas a ser una nena grande del primario. ¿Por qué no empezás con algo más sencillo como rabanitos, lechuga, porotos o lentejas? Te lo digo yo, que de esto sé mucho -comentó Beatriz levantando la nariz.
Y ahora, haceme un favor. Meteme en tu pozo. A mí, tanta luz y aire no me hacen bien -dijo seriamente la lombriz.
Le hice caso. Pero antes de echarle tierra encima, le pregunté: -¿Te voy a volver a ver, Beatriz?
-¡Qué sé yo, Camila! Voy camino a la China. Pero en mi cabeza de lombriz ya nunca más te olvido y mi corazón chiquito va a endulzarse cada vez que se encuentre con un naranjo -dijo con los ojitos mojados.
Desde que la conocí a Beatriz, nunca más una lombriz mi dio asco.
Y, por supuesto, Beatriz tenía razón: antes de saborear la primera fruta de mi naranjo, comí lechuga, probé rabanitos, llené mi pecho con el perfume de flores de seda, miré con asombro el trabajo de las hormigas, volé con las mariposas, recosté mi cuerpo sobre la piel verde de mi jardín y aprendí que toda la vida que me rodea merece mi respeto y mi sonrisa.

Marcela Fabiana Giunta

2 comentarios:

Marta Alicia Pereyra Buffaz dijo...

Mirta, ¿por qué no agregas la opción de seguirte?

Lindo cuento, yo tengo un poema con la lombriz Beatriz.

Saluditos.

jose alo dijo...

Hermoso cuento, no veo el momento de leerselo a mi nieta!!

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